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Los viejos ferroviarios.

Historias del Tren.



 Los viejos ferroviarios o la dureza del mármol.    


El hecho de que dedique éste relato a los viejos ferroviarios, no quiere decir que los que hay ahora no sean duros, (y si nó que se lo digan, por ejemplo a un factor de taquillas en día punta de verano, con colas kilométricas...) sino que va dedicado a ellos...a todos.
 Hace ya algunos años, tuve la suerte de conocer, a un pequeño grupo de veteranos ferroviarios, que ya con su jubilación bien ganada, disfrutaban de sus aficiones y tiempo libre.
Unos con sus manualidades, otros con su trabajo desinteresado en todo lo que pidieras, otros organizando bailes para los jubilados en fin de semana, otros con su cigarro y su chato siempre en la mano....en fin que todos estaban “bien ocupados”.
Recuerdo el momento en que conocí a uno de ellos, “Paco”, yo todo tímido me acerqué a pedirle cierta información, y el con una palmada, me quitó todas las “telarañas” de golpe; desde ese momento fue un buen amigo y toda una fuente de conocimientos e historias.
Muchos de ellos fueron maquinistas de la época del vapor, y posteriormente vivieron el gran cambio al diesel en locomotoras de diferentes series, pero sus maneras y gestos no podían evitar el pensar en “su locomotora”, su vaporosa.
Es verdad que no todos eran iguales, simplemente cada uno tenía sus mañas y sus manías, pero en todos era común el no haber perdido de vista a su locomotora en los 365 días del año, y prácticamente 24 h; no hay que olvidar que una locomotora bien mantenida podía tener alguna prima o premio por economía, por limpieza, por evitar averías...y había que llevar el sueldo a casa....
Salvando las distancias, si la vaporosa no iba bien, el sueldo menguaba, al igual que aquel labrador que depende de su mula para arar, y que si se pone enferma no se puede trabajar el campo....
El vivir cerca de la estación o depósito era a la vez una ventaja y un inconveniente al conocer a su máquina hasta por el ruido del escape...
También existía una jerarquía entre ellos, que implicaba generalmente un ascenso gradual desde las funciones mas sencillas (y también ingratas, como recoger escorias de las vías) a una edad muy temprana...por lo que obviamente cuando se llegaba a maquinista o incluso jefe de maquinistas, la experiencia y conocimientos acumulados eran enormes, y necesarios para sacar el duro trabajo adelante.
Como curiosidad puedo contar que la pala con la que se dota de carbón a la caldera es especial, rectangular, de unos 60 por 50 cm. (así a ojo...) y que ésta, debido al duro trabajo y a pesar de su longitud acababa gastándose quedándose en menos de la mitad.
Otro dato a destacar es que el carbón que se llevaba en el tender no era todo igual,,,,y había que cargarlo a mano a base de subirlo con esteras, aunque en C. Real hubo un cargador mecánico de carbón...
 Podía haber carbón inglés (de muy buena calidad) en una parte, luego carbón menudo (casi picado y deshecho), y carbón en briquetas (en ladrillos); dependiendo del depósito se podía disponer de varios tipos o no... pero el carbón en briquetas implicaba romperlo con el martillo, casi amasarlo y prepararlo para lanzarlo dentro del hogar en el sitio necesario.....todo parece fácil si no estuvieras a oscuras, con un suelo inestable entre la locomotora y el tender, con un calor o frío de mil demonios...y el humo de algún túnel por añadidura....¿era o no era para tener temple???y si encima no hacías buenas migas con el maquinista....
Pero no sólo los maquinistas, sino todos aquellos que trabajaban en otros servicios (talleres –a veces al aire libre-, agentes de vías, agentes de circulación, comunicaciones, mantenimiento de instalaciones...etc.), dentro y fuera del tren...porque en los años 40 todavía quedaban vagones de viajeros que para que el interventor pasara de un coche a otro, lo hacía por un estribo EXTERIOR, coche por coche y departamento por departamento...eso si, la velocidad no era la actual que si no...
Era y es una gran variedad de personal e instalaciones que hay que mantener, y poner a punto para poner en circulación los trenes.
Como curiosidad, existía personal dedicado expresamente a mantener la cronometría de las estaciones (los relojes) muchos de ellos mecánicos construidos en el siglo pasado....hoy en día casi todo es electrónico y telemandado desde un reloj central.
De la compañía de veteranos ferroviarios surgían las anécdotas más graciosas, desde aquel que estuvo todo un día encerrado en una garita que había ido al taller; aquel que creyendo que venía la policía arroja al hogar café comprado en Portugal; o aquellos amigos graciosos que dan de comer carne de gato o similar e invitan a comer a toda una estación; o cuando tapian la puerta de la casa de un recién casado y se equivocan de puerta, o del mecánico que se pasa todo el día de estación en estación y su mujer siguiéndole en los trenes que van detrás sin poder alcanzarle...o aquel día que se descubrió un robo en un vagón y el dueño tan agradecido regaló parte del contenido (zapatillas) a todos los ferroviarios...o aquel que no disponiendo de luz eléctrica en su estación pide permiso a la casa mas cercana y con un cable pone luz a las farolas de la estación en las horas más necesitadas para sustituir a los faroles de carburo...
En fin, tantas y tantas cosas, del día a día, que han hecho a los ferroviarios de una pasta especial; es verdad que los tiempos han cambiado mucho y las condiciones de vida también, pero es necesario conocer y no olvidar el pasado para afrontar mejor el presente y el futuro.
A todos los ferroviarios, lo que estáis y los que ya no....os dedico éste relato.
  © Eltrenero.


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